miércoles, 8 de abril de 2020

“Ni como el caballo ni como el mulo”. Salmo 32:9

Por Pastor Manuel Aranaga

“No seáis como  el caballo o como el mulo”, es una expresión bíbli
ca que, en principio, debe entenderse como un llamado a acercarnos a Dios sin necesidad de forcejeos ni por obligación. Nuestro Padre Celestial nos ha creado con capacidades superiores a la de los animales, para comprender la urgencia de buscarlo en todo tiempo y bajo cualquier circunstancia.

En un mundo cada vez más hostil a las cosas de Dios, que quiere cercenar nuestra capacidad de razonar y de pensar, y que pretende imponernos a toda costa, cualquier idea sin cuestionarla ni juzgarla, se hace cada vez más urgente la crítica analítica y la verificación bíblica. Definitivamente no podemos ser animales.

Son tiempos peligrosos y de rápida propagación de apostasía por medios diversos como las redes sociales; Salmo 32:9  nos invita también activar nuestra capacidad pensante, y no guardar silencio ni aceptar pasivamente ninguna predica o doctrina, sin verificar primero la salud de la misma, a la luz de las escrituras.

El juzgar una enseñanza o una profecía (no menospreciarla), no solo no es pecado, sino que además es un mandato bíblico para todo creyente que tiene un compromiso con Dios de defensa de su palabra y de amor por las almas. Se debe pasar por el filtro bíblico, todo mensaje de cualquier maestro o pastor,  independientemente de su fama y sin que por ello éste se sienta ofendido o amenazado.

Es una paradoja saber que, los más perjudicados con las enseñanzas dañinas y antibiblicas, son precisamente aquellos que suelen escucharlas de buen ánimo y hasta apoyarlas en su totalidad. Por un supuesto respeto y una mala interpretación del "no juzgar" de Mateo 7:1, estas personas aceptan, sin ningún rubor, la herejía del "ungido de Jehova", y hasta en ocasiones, se ofenden con aquellos que las refutan con valentía y sin miedo. Tal parece que algunos se han olvidado ya (por ignorancia o de manera deliberada) que Pedro fue reprendido públicamente por Pablo por hipocresía y simulación. (Gál 2:11-13).

La Biblia nos manda a no creer a todo espíritu, sino a  probarlos. (1 Juan 4:1). Es deber nuestro contender ardientemente por la fe que una vez fue dada a los santos. (Jud 1:3) y cuando sea necesario, debemos reprender, exhortar y corregir con paciencia y doctrina. (2Tim 4:2). Taparle la boca a los falsos maestros no es juzgarlos según las apariencias, es juzgarlos con justo juicio, con el objetivo de que, si es posible, sean sanos en la fe (Tito 1:11-13).

El Señor nunca  tolerará acciones o conductas que afecten la vida de su iglesia y la integridad de su palabra. No permitamos nosotros tampoco lo mismo. Que nada ni nadie nos trate de convertir y sujetar como a animales sin razón ni entendimiento; defendamos y obedezcamos lo que dijo nuestro Señor Jesucristo en Juan 7:24 "No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. Es nuestro deber hacerlo; y si en el cumplimiento de dicho deber alguien se siente  confrontado, será solo para su propio beneficio.

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