Daniel y el Dios que sabe librar
Por: Pastor Manuel Ángel Aranaga
El Profeta Daniel fue uno de los tantos jóvenes judíos que fueron deportados de Judá a Babilonia luego de que el Rey Nabucodonosor decidiera sitiar la ciudad de Jerusalén y destruirla casi por completo en el año 586ac. Fue considerado por Dios como varón muy amado (Daniel 10:11) pues decidió desde joven ser fiel en todos sus caminos.
Un episodio en la vida de Beltsasar (Nombre babilónico de Daniel) remarca de manera extraordinaria el poder de Dios para librar al ser humano del peligro y de la muerte: siendo Darío gobernante del Imperio Persa y teniendo una alta estima por Daniel, fue incitado de manera vil por los sátrapas y gobernadores de aquél entonces para emitir un Decreto con la única intención de dañar lo más importante de la vida de Daniel: su relación personal con Dios. Daniel viola el Decreto Real (pero no viola su comunión con Dios) y a pesar de las diligencias del monarca para librarle de los efectos del mismo, es echado en el foso de los leones.
Sabemos por el relato bíblico que Dios libró a Daniel de ser despedazado en cuestiones de minutos por aquellas fieras y que muy por el contrario a las intenciones del maligno, Dios fue glorificado, Daniel fue engrandecido y sus detractores echados en el mismo foso que dispusieron para el inocente profeta del Altísimo.
No tengo duda de ninguna clase que Dios libra a sus hijos; estoy totalmente convencido de lo real de las palabras pronunciadas por Darío cuando dijo: El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra; él ha librado a Daniel del poder de los leones (Daniel 6:27); lo importante es conocer entonces el carácter de las personas a quien Dios libra de cualquier especie de mal; sobre todo, conocer el carácter de los hombres y mujeres que quieren ser librados de la ira venidera de Dios, es decir, de la Gran Tribulación. He aquí algunas características:
1. Dios libra al que no se contamina con el mundo y sus deseos
Jesucristo dijo: No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre (Mateo 15:11). A pesar de que Daniel, junto con sus tres compañeros fueron preparados, asesorados e instruidos en todo los asuntos de Babilonia (cultura, idioma, sabiduría, entre otros), nunca se contaminaron ni se olvidaron de la Ley de Dios; todo lo contrario, se mantuvieron fieles a lo que habían creído, Daniel oraba continuamente al Padre y no se contaminó con la comida del Rey ni con los deleites babilónicos. El mundo y sus deseos pasan, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:17). Estimado lector, amado hermano ¿quieres que Dios te libre de toda angustia, de la muerte, de la enfermedad? Comienza entonces a desechar lo malo, a aborrecer el pecado y hacerte su verdadero amigo (Stg 4:4).
2. Dios libra al prudente y al que confía en su palabra
El episodio del foso de los leones no fue el primero ni la única ocasión en que Dios libró a Daniel de una muerte segura. En el Capítulo 2 del Libro de Daniel, se nos dice que el Rey Nabucodonosor despierta turbado de un sueño cuyo contenido había olvidado y del que busca de manera infructuosa interpretación de los magos, astrólogos y caldeos de la época. Cuando se convence que ya nadie podía recordarle ni interpretarle aquella visión olvidada, ordena matar a todos los sabios de Babilonia incluyendo a Daniel y sus compañeros. Daniel se entera de la orden real y sin airarse, sin alterarse y con toda la serenidad que sólo puede tener un hombre lleno del Espíritu Santo en un momento de amenaza a su vida como este dice la escritura que Daniel habló sabia y prudentemente a Arioc, capitán de la guardia del rey, que había salido para matar a los sabios de Babilonia. Habló y dijo a Arioc capitán del rey: ¿Cuál es la causa de que este edicto se publique de parte del rey tan apresuradamente? Entonces Arioc hizo saber a Daniel lo que había. Y Daniel entró y pidió al rey que le diese tiempo, y que él mostraría la interpretación al rey. (Daniel 2:14-16).
La prudencia debe ser una de las mayores virtudes de todo cristiano. Prudencia al hablar, al caminar, prudencia para ministrar, para corregir, y sobre todo, prudencia para cumplir con los estatutos de Dios (Mateo 7:24,25).
3. Dios libra al que es humilde para reconocer su grandeza y su poder
En ese mismo contexto, cuando Daniel acude ante el Rey Nabucodonosor para recordarle e interpretarle su sueño le dice: .El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días”. Y dice el verso 30: Y a mí me ha sido revelado este misterio, no porque en mí haya más sabiduría que en todos los vivientes, sino para que se dé a conocer al rey la interpretación, y para que entiendas los pensamientos de tu corazón (Daniel 2:27-30).
Queda evidenciado en este pasaje que Daniel era un hombre revestido de humildad. La humildad se traduce en una actitud de reverencia a Dios que continuamente produce en nosotros la necesidad de darle siempre la Gloria por todo, y reconocer que no somos nadie sin él. Jesucristo nos llama a ver y seguir su ejemplo de humildad y sencillez de corazón (Mateo 11:29); Pedro nos llama a todos a revestirnos de humildad (1 Ped 5:5) y Pablo nos convoca a vestirnos de Dios con toda humildad. (Col 3:10-15)
Estamos seguro que tenemos un Dios que libra; asegurémonos también de ser esos hombres y mujeres que Dios quiere para que esa protección divina siempre nos acompañe.

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