viernes, 3 de abril de 2020

Cuatro verdades sobre el Diezmo y la prosperidad material
Por: Pastor Manuel Ángel Aranaga

El tema de la prosperidad bíblica (material y espiritual) en general y del diezmo en particular, tiene un doble enfoque a considerar: por un lado, el de reafirmar su vigencia actual y segundo, el de denunciar la existencia de falsas y muy tóxicas enseñanzas que sobre este tópico se han venido infiltrando en la Iglesia de Dios.
De antemano digo que este artículo va dirigido especialmente para todos aquellos que quieren obedecer a Dios  quienes, a pesar de todo, han entendido las palabras de Jesucristo cuando dijo "más bienaventurado es dar que recibir (Hech 20:35) y también reconocen el trabajo arduo de los ministros de Dios dentro de la Obra. He aquí cuatros verdades inobjetables en el estudio de la prosperidad material y el diezmo.
1. El Diezmo nace bajo el Gobierno de Dios
Hay quienes de manera equivocada señalan que la Ley del diezmo está abolida porque Cristo la clavó en la cruz del calvario. Este argumento es muy débil y no puede sostenerse ante la evidencia sólida de la palabra de Dios. En primer lugar, Abraham fue el primer ser humano que entregó sus diezmos al Sacerdote Melquisedec en el tiempo de la revelación directa o la dispensación del gobierno de Dios, cuando ni remotamente se hablaba de la aparición o establecimiento de la Ley mosaica. Al igual que él, su hijo Isaac y su nieto Jacob cumplieron con este mandamiento y entregaron fielmente sus diezmos a Dios y fueron poderosamente bendecidos por él. La Ley de Moisés estableció con posterioridad el diezmo en Números 18 y Jesucristo en la dispensación de la gracia jamás lo anula, al contrario, reafirma la enseñanza del gobierno y de la ley (Mateo 23:23; Heb 7:5-7).
2. El Diezmo es de Dios, no de los hombres
Se equivocan igualmente aquellos que piensan que el apartar la décima parte de lo que una persona recibe y llevarlo al alfolí es un acto donde lo que se hace es supuestamente “mantener a un hombre”. Las escrituras dicen: “y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová (Lev 27:30).  De Dios es la tierra y su plenitud, el mundo y lo que en él habitan (Sal 24:1). Dios es el dueño del oro y la plata (Hag 2:8). Cuando nos despojamos de esa parte de nuestras entradas lo hacemos porque Dios lo ordena así, somos obedientes y debe ser dedicado a él según Dt 14:22, y únicamente para él. Diezmamos no para una persona, diezmamos porque Dios es el dueño de todas las cosas y nos dice que una parte de lo que recibimos no nos pertenece a nosotros sino a él.
3. El Diezmo tiene que ver con la Inmutabilidad de Dios
Dios es inmutable, es decir,  no cambia ni modifica lo que dice o establece en su bendita palabra; dicho de otro modo, lo que Dios habló, se cumplirá pase lo que pase e independientemente de la conducta humana porque “cielo y tierra pasarán pero la palabra de Dios no pasará” (Mat 24:35). Israel andaba en rebeldía y el profeta Malaquías les amonesta recordandoles la inmutabilidad de Dios al decirles que “no han sido consumidos porque “Jehová no cambia” (Mal 3:6). Lo interesante de todo esto es que las escrituras asocian el tema de los diezmos y las ofrendas con la inmutabilidad divina que fue la que hizo que ese pueblo no fuera destruido, aun cuando había razones para hacerlo (le estaban robando a Dios).
4. El Diezmo tiene relación con la prosperidad material y espiritual
¿Habrá alguien que no desee prosperidad? Pienso que no. Pero hay que dejar bien en claro aquí, que para los que estamos en el camino del evangelio, la prosperidad material no es automática. Solo la obediencia cristiana traerá la prosperidad que Dios quiere dar a sus hijos y que tanto necesitamos. Nadie puede pretender recibir la prosperidad divina mientras le esté robando al creador en los diezmos y las ofrendas.
El llamado es a ser fieles a Dios para que se abran las ventanas de los cielos hasta que la bendición sobreabunde y Dios reprenda por nosotros al devorador. ¡Tened fe y ánimo!

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