La Mujer, el silencio en la congregación y el ministerio
Pastor Manuel Aranaga
Pastor Josue Masyrubi
Muchos ministros, organizaciones y concilios evangélicos no permiten a la mujer ejercer el don de la predicación, o un ministerio pastoral o de enseñanza bíblica. Esta prohibición la fundamentan, básicamente, en pasajes bíblicos muy mal interpretados que usan como herramienta para desaprobar lo que Dios no ha desaprobado. El propósito de este artículo es, demostrar, por las escrituras, que la mujer tiene el permiso divino para ministrar, enseñar, pastorear y ejercer con toda libertad, lo que Dios le haya asignado en su gracia y soberanía.
Cuando un hombre cerrado, machista y posiblemente misógino, vea u oiga a una mujer predicando, enseñando o pastoreando, inmediatamente citará 1 Corintios 14:34,35 para decir que la Biblia no le permite a la mujer ejercer cargos ni funciones de gobierno alguno, dentro o fuera de la Iglesia, negando así el poder y la soberanía de Dios para usar y hablar a través de quien él quiera.
Al respecto hay que decir que, en el orden de Dios, a pesar de que Adán fue creado primero que la mujer, a ella no se le excluye de los mandatos de gobierno y ayuda en conjunto con él. Al contrario, en Génesis 1:28, Dios los bendice a ambos y les dice a ambos que llenen la tierra, la sojuzguen y la señoreen.
Es bueno recordar también, que el deseo de Dios ha sido siempre que todo su pueblo (hombres y mujeres), ministren su palabra y sean sus sacerdotes. Éxodo 19:6; ese deseo que fue truncado temporalmente por el pecado de Israel y traspasado a la tribu de Levi, tuvo plena realización en la Iglesia de Jesucristo, pues en 1 Pedro 2:9, se dice que somos nación santa y real sacerdocio (hombres y mujeres) para anunciar (predicar o enseñar) las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.
El deber de anunciar a Cristo y ser testigos de él, nace en Pentecostés con el cumplimiento de la promesa del derramamiento del Espíritu Santo dado por Dios tanto a hombres como mujeres por igual (Hechos 2:17-19 sobre toda carne); a esas mismas mujeres que se les dió el poder, luego las vemos muy activas en el evangelismo y en plena comunión con el Señor y los apóstoles.
Los que se oponen a que la mujer de Dios ministre, olvidan que, en el antiguo testamento, muchas de ellas ejercieron liderazgos y ministerios de gran trascendencia: María hermana de Aarón y Moisés en Éxodo 15:20 y Miqueas 6:4; Débora, la madre y Jueza de Israel de Jueces 4:4 y 5:7, la profetiza Hulda en 2Reyes 22:14, y la Reina Ester en Ester 9:32, solo son alguna de ellas.
Mientras tanto, en el nuevo testamento, en Lucas 2:36 a Ana se le llama profetiza; Priscila, muy probablemente fue la pastora de su casa, según Hechos 18:8,18,26 y Romanos 16:3,4; Cloe en 1 Corintios 1:11, Evodia y Sintique en Filipenses 4:2,3 ministraban y Febe era diaconisa según Romanos 16:1.
Ahora, ¿Qué quiso decir Pablo en 1 Corintios 14:34,35?
En primer lugar, la idea principal de todo el capítulo 14 es enseñar que Dios no es Dios de confusión sino de orden, y esto, a propósito del uso desordenado que venían haciendo los creyentes de Corinto, en especial las hermanas, de tres dones espirituales en específico: el don de hablar en lenguas, de interpretación y el de profecía. Lo que estaba aconteciendo era que muchas mujeres estaban abusando de estos dones y creando confusión y desorden dentro de la Iglesia (de allí la exhortación de hágase todo decentemente y con orden).
Por tanto, el que quiera estudiar 1 Corintios 14 y las exhortaciones y prohibiciones que dentro de él se encuentran, debe hacerlo solo en el contexto de tal idea principal; todo aquel que desvíe las prohibiciones de este capítulo a otros contextos o escenarios, está mal interpretando el texto bíblico.
Cuando Pablo manda a las mujeres a “callar”, en ninguna manera puede interpretarse como que está diciendo “no sean pastoras”, o “no enseñen, ni tengan cargos”, pues más adelante, en la misma carta, el apóstol reconoce y afirma que las mujeres pueden orar y profetizar. 1 Corintios 11:5; y si la mujer puede orar y profetizar (está hablando, obvio) lo hace para exhortación, edificación y consolación, según 1 Corintios 14:3,4, es decir, está ministrando.
Así que, la exhortación del Apóstol Pablo de que “las mujeres callen en las congregaciones”, la hace es para corregir una falta específica y puntual del momento (el desorden en el uso de los dones). El original del vocablo “callen”, indica más bien prudencia al hablar y evitar las intervenciones desordenadas e indecorosas de quienes hablaban en lengua y profetizaban.
Si callar significara “no hablar más nunca”, entonces, el que habla en lenguas, el que las interpreta y el que profetiza, no podría hacerlo más, y ese no es el sentido hermenéutico del texto bíblico. Los textos dicen que el que habla en lengua debe callar “cuando no hay intérprete”, y el que profetiza debe callar mientras otro está profetizando. 1 Corintios 14:27-32.
En conclusión, no existe evidencia bíblica sostenible, que indique que la mujer, que además es coheredera de la gracia de Dios, no pueda ministrar a Dios en aquello para lo cual ha sido llamada. El que, de manera testadura, sostenga lo contrario, estaría incluso impidiendo la salvación de muchas almas, que a través de la predicacion de muchas mujeres, cuya piedad es digna de imitar por muchos hombres, llegarían a los pies de nuestro amado Salvador.
¡Animo mujeres valientes, Dios está con vosotras!

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